Antes de que el chupacabras tuviera nombre, en el sur de Texas ya había reportes que hoy se le atribuirían. Un ranchero de esta zona fronteriza encontró un toro muerto completamente vacío de sangre, sin señales de pelea y sin manchas en el suelo alrededor del cuerpo. En la misma región, a mediados de los setenta, se habían reportado avistamientos de un ave gigantesca del tamaño de un cóndor volando de noche, coincidiendo con una racha de ganado mutilado y desangrado.