Tras una tormenta eléctrica en la noche del 3 de julio de 1947, un ranchero encontró a la mañana siguiente un área del tamaño de un campo de futbol tapizada de restos raros a unos 120 km del pueblo. Describió láminas finísimas de un metal que volvía solo a su forma después de arrugarlo, y varillas ligeras con símbolos que no se doblaban ni con martillo ni con fuego. Más de una docena de vecinos rancheros pasaron a ver el tiradero y varios se llevaron pedazos a sus casas. Días después el ejército levantó todo y el ranchero terminó retractándose en público.