Una familia compró un edificio de dos departamentos en la calle Campbell, en Chicago, y quedó atrapada en años de actividad constante: teléfonos desconectados solos, focos que parpadeaban, objetos que se movían, discusiones de gente invisible que parecían repetirse en bucle y una llave de gas del ático que se cerraba y abría sin explicación. Un grupo de investigadores psíquicos de Illinois llegó a la propiedad, describió a varias presencias (una anciana atrapada en un mismo recorrido, dos hombres y una mujer que habría muerto colgada) e intentó un ritual de limpieza que una cadena de televisión grabó; en plena sesión el médium habló con voz de mujer mayor pidiendo un número y la cocina se llenó del sonido de cientos de pájaros. El ritual no sirvió: la actividad siguió y la cuñada que se mudó al piso de abajo, después de ponerse a hacer sesiones con tabla ouija, cambió de personalidad, adelgazó, oía voces y terminó abandonando a su familia. Los dueños acabaron cediendo el edificio casi regalado a un vendedor de bienes raíces aficionado a lo paranormal; años después la propiedad estaba abandonada y clausurada.