Un reporte de 1992 en la zona boscosa cerca de Estacada, Oregón, describe a dos criaturas peludas y bípedas ocupadas en el lecho seco de un río, cubriendo el cuerpo de un tercero con piedras enormes. La escena se interpretó como un ritual funerario, lo que alimenta la hipótesis de que estos animales entierran a sus muertos y por eso nunca aparecen restos óseos. Cuando se quiso inspeccionar el sitio ya era tarde: una inundación había arrasado el área.