En el tramo de esta carretera que pasa cerca de los pueblos del triángulo, varios automovilistas describen al mismo pasajero: un hombre corpulento de barba roja, camisa de franela a cuadros y jeans, pidiendo raite a la orilla. Quien se detiene y lo sube reporta que el sujeto se desvanece del asiento con el carro todavía en movimiento, sin puerta abierta ni frenada de por medio. Es el molde clásico del autoestopista fantasma, con la particularidad de que aquí siempre coinciden en la barba pelirroja.