Dos agentes de la patrulla fronteriza vigilaban de madrugada una zona de niebla donde los sensores de movimiento se disparaban sin que apareciera nadie. Uno de ellos vio acercarse una silueta a unos cincuenta metros y bajó de la unidad creyendo que era otro agente o alguien perdido; al quedar frente a frente reconoció a un hombre con uniforme de aviador, que le sonrió, empezó a emitir un brillo suave y se disolvió en el aire. Al amanecer revisaron el suelo cubierto de ceniza: estaban las huellas del agente pero ninguna de la figura. El relato se asocia a que años antes se estrelló ahí una avioneta con integrantes del equipo de una cantante country.