En la franja este de Australia se repite desde el siglo XIX el reporte de un bípedo peludo de más de dos metros, de brazos largos y cuerpo macizo, equivalente local del Bigfoot. La zona montañosa al oeste de Sídney concentra los avistamientos modernos porque el bosque es tan cerrado y el terreno tan quebrado que quedan bolsas de monte casi sin pisar. Los encuentros que describen los testigos son cortos: sensación súbita de estar siendo observado, pasos pesados en la maleza, una silueta que se pierde entre los árboles y, en varios relatos, piedras lanzadas hacia ellos. Nadie reporta ataques; lo que domina es miedo y la impresión de estar frente a algo que piensa.