Dentro del gran complejo militar estadounidense en Seúl se cuenta que uno de los edificios está habitado por espíritus japoneses, herencia del periodo en que Japón ocupó la península y usó ese terreno con fines militares. El episodio remarca lo llamativo del patrón: en Corea, y en varios países de Asia, buena parte de los fantasmas que se reportan son extranjeros, casi siempre japoneses, y se leen como secuela del pasado imperial y de las guerras que dejaron muertos ahí.