Según la tradición que el episodio desmenuza, en el cerro del Tepeyac —antes santuario de la diosa madre Tonantzin y luego ermita cristiana— una figura femenina se manifestó varias veces ante un indígena y le pidió avisar al obispo. Como prueba, al abrir su manto cayeron flores fuera de temporada y quedó impresa la imagen que hoy se venera en la basílica. Los conductores contraponen esa versión con la hipótesis terrenal: una pintura al óleo de estilo flamenco hecha por un pintor indígena formado en el convento de San Francisco, cuyo crédito quedó borrado. Señalan además que ningún contemporáneo del supuesto milagro lo registró y que la leyenda tomó fuerza más de un siglo después.