En 1970 una pareja joven y su bebé compraron un dúplex barato en la calle Campbell, en Chicago, sin saber que era una venta de herederos tras varias muertes en el inmueble. Durante casi dos años reportaron tapones de tina que se desamarraban solos, el auricular del teléfono descolgándose sin que nadie lo tocara, utensilios de cocina levitando, puertas que vibraban y forcejeaban, focos que se prendían y apagaban, pasos en el porche y una discusión de pareja que se repetía siempre igual, como cinta en loop. También describieron olor a leña quemada sin fuego, apariciones de un hombre alto de rostro deformado y de una anciana con abrigo de invierno en plena primavera, y mascotas que enloquecían o desaparecían; el gato apareció dos veces en el patio tras una ventana que nadie abrió. Los inquilinos del piso de abajo, amigos y hasta un sacerdote fueron testigos de episodios propios, y el caso terminó atrayendo a grupos de parapsicología y a la televisora NBC.