Entre las tradiciones de los nativos de esa región hay una advertencia muy concreta sobre el bosque de la montaña: en algún punto hay una roca que no tiene nada de particular a la vista, ni forma extraña ni marcas, pero quien la pisa deja de existir en este lado. Nadie sabe cuál es, y por eso la costumbre era no andar dando vueltas por ahí. En el relato local se conecta con los duendes del bosque, que supuestamente sí saben dónde está y merodean cerca a propósito.