Entre finales de los sesenta y principios de los setenta, en un barrio del noreste de El Cairo, multitudes aseguraron ver una figura femenina luminosa posada sobre el techo de una iglesia copta. No fue una vez: se repitió durante meses y jaló a miles de curiosos de distintas religiones. La Iglesia Ortodoxa Copta reconoce el fenómeno como auténtico.