ARCHIVO ABIERTO · SIN VEREDICTO
EXPEDIENTES
El archivo completo de lo registrado: cada caso con su fecha, tipo de fenómeno y las voces que lo confirman o lo desmienten. Toca un expediente para abrirlo en el mapa.
Veintidós años después del avistamiento, dos militares aficionados al tema (uno de ellos dentista con conocimientos de hipnosis) le hicieron al cabo una regresión en un hotel del sur de Chile. Bajo trance describió haber entrado por un costado de la nave y haber visto tres siluetas con cascos blancos en un interior iluminado de rojo. En ese punto del relato, según los tres presentes, el cuerpo del hombre empezó a flotar sobre la cama: le pasaron la mano por debajo para comprobarlo y sus exclamaciones lo despertaron de golpe, cayendo sobre el colchón muy alterado. La sesión terminó ahí.
El oficial de inteligencia del escuadrón 509 voló con una caja de fragmentos para mostrarlos a un general en un centro de tecnología aérea. Le enseñó una varilla ligerísima con glifos que no se deformaba. El general lo llevó a otro cuarto a señalar el sitio del impacto en un mapa y, al volver a la oficina, la caja ya no estaba: en el piso había un globo meteorológico destrozado. Enseguida dejaron entrar a la prensa y le ordenaron posar hincado con los restos del globo, además de regresar a dar una conferencia desdiciéndose de todo.
Mientras el pueblo hervía por lo del disco volador, el encargado de embalsamar en la funeraria local recibió llamadas desde la base militar. Primero le preguntaron si tenía ataúdes de tamaño infantil. Al colgar volvió a sonar el teléfono para consultarle cómo se conserva un cuerpo que ya lleva rato expuesto al sol del desierto. También pidieron hielo seco a la lechería del pueblo. Cuando el director ofreció ir a la base a ayudar, le dijeron que no hacía falta, que era pura curiosidad.
Uno de los participantes del episodio cuenta que se despertó de madrugada, salió a fumar al patio de su casa y empezó a oír una secuencia de notas parecida a las que se usan en la película de encuentros cercanos para llamar a las naves. No era música de fiesta ni un beat: eran tonos sueltos, y venían del rumbo de un fraccionamiento cerrado donde vive gente de mucho dinero de la ciudad. Lo raro, según él, es que el sonido se apagaba cuando se pegaba al muro que divide su patio y volvía a oírse cuando se echaba para atrás, sin que pudiera ubicar de dónde salía. Nunca supo qué era y lo cuenta como su propio roce con el tema del episodio.
Entre 1890 y 1900 un lugar especifico de una mesa del casino de Montecarlo acumulo fama de arrastrar a la locura y a la muerte a quien lo ocupaba: se le atribuyen 113 muertes en una decada, y lo llamativo es que no era la silla, que se cambiaba, sino el espacio de la mesa. Un crupier que trabajo ahi por decadas dejo su testimonio: un joven parisino que habia ganado una fortuna la noche anterior aparecio sentado en el punto maldito, perdio todo mas su propio dinero y salio del casino tambaleandose a acabar con su vida; un senor mayor conocido suyo le exigio ese asiento, perdio una fortuna en una noche y aparecio muerto al dia siguiente. El crupier decia haber visto personalmente 85 casos, incluido un apostador que se mato frente a el en ese mismo sitio.