ARCHIVO ABIERTO · SIN VEREDICTO
EXPEDIENTES
El archivo completo de lo registrado: cada caso con su fecha, tipo de fenómeno y las voces que lo confirman o lo desmienten. Toca un expediente para abrirlo en el mapa.
En esta primaria histórica de Ciudad Juárez, abierta desde finales de los años treinta, el relato más repetido entre personal y exalumnos es el de una niña que se asoma un instante y ya no está. La ubican sobre todo en una de las dos escaleras principales, en los baños y en el teatro del plantel, donde suele mostrarse detrás de quien está grabando o mirando hacia el escenario. También cuentan que las cortinas gruesas del teatro se mecen como si alguien caminara por detrás, aunque no haya corriente de aire. La versión local dice que la niña murió atropellada en lo que entonces era una calle del costado del edificio, y que ese accidente empujó a que el terreno se anexara a la escuela. Durante la visita del podcast intentaron provocarla con grabadoras y preguntas directas y no obtuvieron respuesta visible.
Un oyente cuenta lo que le ocurrió a su padre, siendo soltero, en una de las casonas grandes de la calle Norte 1C, en la colonia Defensores de la República. Después de una noche de copas con amigos, al volver del baño por un pasillo mal iluminado se topó con una niña que no hablaba ni se movía y solo lo miraba fija; entendió que no era alguien vivo porque en esa casa no vivía ninguna criatura de esa edad. Le hizo preguntas y ella respondió solo con la cabeza y con gestos: dibujó un vientre abultado para señalar a una mujer embarazada y luego apuntó al suelo del pasillo, como indicando que su cuerpo quedó bajo las losas, antes de desvanecerse. Años más tarde, ya viviendo en otra ciudad, la aparición volvió en sueños repetidos hasta que él empezó a prender una veladora blanca y rezar por ella cada noche, y los sueños se detuvieron.
Un infante de marina que firma como Albert F. contó en un foro que patrullaba de noche, solo, una zona de almacenamiento de armas en esta antigua base militar estadounidense en Filipinas, terreno con historia de ocupación japonesa. Vio una figura de aspecto humano junto a un poste de luz y llamó por radio a la base para confirmar que no había nadie más de servicio esa noche; le dijeron que estaba solo en el área. Reportó un intruso y avanzó hacia la figura gritándole que se detuviera: la silueta se separó del poste y se alejó sin correr, como flotando. Disparó una bengala para iluminar el campo y no había absolutamente nadie, ni sombra.
En una mansion de mas de treinta habitaciones en Chestnut Hill, Filadelfia, se cuenta que hay una silla antigua, atribuida a un brujo y supuestamente propiedad de Napoleon, a la que apodaron la silla de la muerte porque quien se sentaba en ella moria. La version local dice que la silla en si no es lo peligroso: un espiritu femenino que se manifiesta como una neblina rojiza o azulada alrededor del mueble seria el que atrae a la gente a sentarse. La casa acumula otras apariciones reportadas: un nino que murio ahi, una mujer de epoca victoriana y, absurdamente, el fantasma de un procer estadounidense muerto casi un siglo antes de que se construyera el edificio.
Este trasatlántico británico de 1936 pasó de ser un símbolo del lujo a transporte de tropas en la Segunda Guerra Mundial, y después quedó anclado para siempre en Long Beach como hotel y museo. Durante su vida se registraron decenas de muertes a bordo: un tripulante joven aplastado por una puerta hidráulica en un simulacro, otro que bebió limpiador creyendo que era ginebra, y soldados que murieron de golpe de calor viajando hacinados. Hoy se le atribuyen más de cien presencias: al mecánico se lo describe con overol, silbando o preguntando por su herramienta antes de desaparecer, y en la alberca de primera clase suelen reportar la figura de una niña. Las zonas más señaladas son esa piscina, las salas de calderas y el pasillo donde ocurrió el accidente del simulacro.
Dos agentes de la patrulla fronteriza vigilaban de madrugada una zona de niebla donde los sensores de movimiento se disparaban sin que apareciera nadie. Uno de ellos vio acercarse una silueta a unos cincuenta metros y bajó de la unidad creyendo que era otro agente o alguien perdido; al quedar frente a frente reconoció a un hombre con uniforme de aviador, que le sonrió, empezó a emitir un brillo suave y se disolvió en el aire. Al amanecer revisaron el suelo cubierto de ceniza: estaban las huellas del agente pero ninguna de la figura. El relato se asocia a que años antes se estrelló ahí una avioneta con integrantes del equipo de una cantante country.
Durante alrededor de tres años después del desplome, personal de la aerolínea reportó ver a dos de los tripulantes muertos dentro de otras aeronaves de la misma flota, sobre todo en un avión que había recibido la mayoría de las piezas rescatadas del siniestro y que hacía la misma ruta Nueva York–Miami. Dos sobrecargos vivieron por separado, con minutos de diferencia, la misma sensación de estar acompañadas en la cocina del nivel inferior. En otro vuelo un pasajero de primera clase con uniforme de capitán no respondía a nada y, cuando el capitán a bordo lo reconoció como su colega fallecido, la figura se desvaneció frente a varios testigos. Hubo reflejos en la puerta del horno, una cara asomando de un compartimiento de equipaje y hasta una advertencia sobre un circuito eléctrico defectuoso que luego se comprobó. La empresa negó todo, silenció a los empleados, desaparecieron las bitácoras de esos vuelos, y al final gastó una fortuna en retirar todas las piezas recuperadas del avión accidentado.
En la mitad oriental del cementerio se repite el relato de una figura femenina vestida de blanco que recorre las tumbas buscando a sus hijos, a los que ella misma habría matado. Los conductores del podcast la comparan de inmediato con la Llorona mexicana por el mismo patrón: madre infanticida condenada a buscar eternamente a sus criaturas. El relato circulaba entre residentes y prensa local mucho antes de que el cementerio se volviera famoso por el vampiro.