ARCHIVO ABIERTO · SIN VEREDICTO
EXPEDIENTES
El archivo completo de lo registrado: cada caso con su fecha, tipo de fenómeno y las voces que lo confirman o lo desmienten. Toca un expediente para abrirlo en el mapa.
En Pakistán estos encuentros nocturnos se atribuyen a un shaitán, término que no designa a un único demonio con cuernos sino a toda una clase de entidades adversarias. La gente usa amuletos para protegerse de ellas. El ataque se describe como opresión, ahogo y una sensación de amenaza imposible de medir.
En Turquía la entidad de los terrores nocturnos se manifiesta apretando el cuello de su víctima mientras esta permanece paralizada. Entra en la categoría de demonios del episodio: seres cuyo objetivo aparente es generar el máximo miedo posible, sin más propósito que ese. La sensación reportada es ahogo, gritos que no salen y pánico absoluto.
Una familia se mudo en 1986 a una casa de un pueblo de Wisconsin sin nada raro, hasta que en 1987 metieron una litera comprada en una tienda de segunda mano. Casi de inmediato empezaron puertas cerrandose solas, pasos, radios y televisores prendiendose, el dial moviendose solo y una ventana del sotano que aparecia desmontada en el piso. Los ninos enfermaban seguido y toda la familia sonaba con la misma anciana de cabello negro largo y brillo rojizo; el padre dice que una noche vio el garage lleno de llamas con dos ojos en las ventanas, y despues fue empujado escaleras abajo y golpeado repetidamente por algo invisible que le dejaba moretones y una vez le grunio una amenaza de muerte. Un pastor que investigo concluyo que la presencia era demoniaca; la familia enterro la litera en un tiradero, abandono la casa y no volvio.
A finales de los ochenta una pareja joven —él pintor inglés, ella galesa y embarazada— compró una casa de piedra convertida a partir de un granero de más de dos siglos, en las faldas de las montañas del sur de Gales. Casi desde el principio describieron una presencia que los vigilaba, pasos pesados que solo el padre alcanzaba a oír, olores que iban del azufre al incienso, puntos helados y recibos de electricidad hasta siete veces más altos de lo normal que ningún técnico logró explicar. Vieron dos apariciones recurrentes: una anciana de gesto triste que parecía cuidar a los niños y una figura encapuchada, oscura, que se paraba a los pies de la cama. Los animales de la granja murieron o enloquecieron en cuestión de semanas, el hijo adolescente cambió de carácter de forma violenta hasta que lo mandaron a un internado, y el trabajo del pintor se derrumbó. Un vecino y los oficios locales les contaron que parte de la construcción se había hecho con lápidas rescatadas de cementerios olvidados de la zona, y un plomero recordó que décadas antes los radiadores que instaló ahí se arrancaban solos de la pared cada noche. Tras una cadena de curas, médiums y espiritistas, un exorcismo de mediados de los noventa por fin bajó la actividad, y con ella —según la familia— el recibo de la luz.
En el bloque de aislamiento de la prisión de Alcatraz, las celdas sin ventana donde a un preso lo dejaban semanas a oscuras, un recluso empezó a gritar que no estaba solo: decía que en la oscuridad lo acompañaba algo con ojos rojos brillantes. Los guardias lo tomaron por loco o por un intento de que lo sacaran, y lo dejaron ahí toda la noche. Al día siguiente lo encontraron muerto, con marcas en el cuello y señales de asfixia, sin nada en la celda con qué haberse ahorcado. Al espectro se le suma el relato de una figura con ropa del siglo XIX que patrulla el área de confinamiento solitario.